Derecho al sexo

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Vía Pinterest

¿Qué hacer cuando unas manos no pueden tocar otra piel? A veces ni siquiera la propia puede ser acariciada, besada, amada. Entonces te preguntas ¿porque yo?.

Imagino que ésto es lo piensan millones de personas que sufren alguna incapacidad física o psíquica a la hora de sentirse queridos y deseados por otro ser humano. A los problemas motores o funcionales que complican la vida a este colectivo se unen los emocionales, carencias si cabe más dolorosas, que impiden a muchos de ellos mantener una vida plena.

El sexo en personas con incapacidad física o intelectual es un tabú para la sociedad que prefiere no asomarse a una realidad que condena a estas personas a la más cruel soledad y abandono, como si de ese modo los deseos en ellos vayan a desaparecer. Pero no.

Un programa emitido esta semana en la televisión autonómica catalana ha dado voz a personas con estos problemas para que expliquen cómo es su sexualidad y cómo la viven. El resultado ha sido un reportaje elegante, realista e incluso tierno, en el que hemos podido conocer los sentimientos y emociones de estas personas y qué recursos utilizan para satisfacer sus deseos. Lo que más me ha llamado la atención es la delgada línea que existe entre el amor y el sexo para algunos de ellos. La sensación de sentirse deseado, amado o acariciado era mucho más importante que el sexo en sí mismo como método de descarga.

El dilema que me surge después de ver el reportaje es que la sociedad está privando a estas personas de algo tan importante para la vida de alguien como el sentimiento de dignidad, rechazando sus deseos y necesidades como seres humanos. La diferencia causa miedo y el miedo arrincona.

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Vía Pinterest

Otra cosa que percibí en mí misma viendo el reportaje es la tendencia que tengo, y tenemos todos al fin y al cabo, de sentir lástima por ellos. La lástima es la máxima culpable del aislamiento al que los sometemos. Creemos que por sentir pena de una persona somos más humanos y, por tanto, nos sentimos menos culpables al ponernos la venda en los ojos, la venda que condena a estas personas a mendigar amor.

No quiero acabar este post sin hacer referencia a las personas que se dedican profesionalmente a satisfacer sus instintos sexuales y emocionales. Sí, efectivamente, cobran por mantener con ellos una relación íntima. El nombre que les demos no es importante, lo importante es que hacen la labor que la lástima, la hipocresía y el miedo impiden. Normalizar su situación, su necesidades y sus sentimientos. Así que, independientemente de como los llamemos y de que cobren por ello, facilitan el amor, la comprensión, la sensualidad y la excitación que toda persona debería poder alcanzar para sentirse vivo.

Fuente: Documental programa TV3 Sense Ficció Jo també vull sexe 

 


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